Irán se rebela y Occidente no está a la altura

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Suele decir el experto en seguridad israelí Dan Schueftan que, a diferencia de la mayoría de las sociedades árabes, que se mueven por conceptos reactivos como la venganza y el honor, la iraní es una sociedad vibrante, dinámica y, como dice él, pluralista, en la que una parte sustancial de sus integrantes cultivan la iniciativa y el individualismo, pese a la losa que les ha caído encima con los mulás.

Quienes conozcan mínimamente Irán más allá de la siniestra fachada oficial coincidirán con una apreciación que volvemos a ver confirmada con la ola de protestas que recorre el país estos días. Todo empezó, como ya sabrán, con la muerte, el 16 de septiembre a manos de agentes de la Policía de la Moral que la habían detenido por llevar el velo mal puesto, de la joven de 22 años Mahsa Amini.

La muerte, parece que a golpes, de la joven provocó la indignación de miles de iraníes, entre ellos muchas mujeres, cansados de la humillación sistemática a la que les someten los barbudos anacrónicos que tienen secuestrado desde hace más de cuatro décadas al país.

Los atropellos del régimen tienen que ver, a menudo, con el “apartheid de género” que, en palabras de la activista pro-democracia iraní Mariam Memarsadeghi, viven las mujeres en Irán. Pero la misoginia oficial no es la única causa de descontento.

“Las mujeres y las chicas son personas y ven lo malo del régimen en su totalidad”, ha explicado Memarsadeghi en un debate reciente. Las mujeres también “ven la corrupción, la flagrante injusticia que supone que gente que dice mandar en nombre de Dios vaya por ahí en un Ferrari” y “envíe a sus hijos a estudiar a Estados Unidos y Canadá cuando niega lo más básico del estilo de vida occidental a la gente dentro del país”.

Desafiando a la brutalidad de unas fuerzas represivas que ya han matado a decenas de manifestantes, quienes protestan han tomado las calles de Teherán y otras ochenta ciudades del país, llegando a ocupar y a quemar comisarías y otras sedes de instituciones públicas ante la impotencia de los esbirros del régimen.

“No he visto nada igual en Irán desde la revolución de 1979”, ha dicho el especialista en el país Alireza Nader, que ve esta ola de protestas “mucho más extendida” que la que tuvo lugar en 2009, a la que el régimen sobrevivió tras matar -según los cálculos más conservadores- a más de 1.500 personas. “Nunca he visto tanta rabia hacia la República Islámica”, añadió el experto durante un debate reciente sobre las protestas.

Es imposible pronosticar si el régimen resistirá esta nueva embestida de quienes están dispuestos a morir por vivir en libertad. Lo que ya han conseguido los iraníes que protestan es dejarnos imágenes conmovedoras que deberían vacunarnos contra el cinismo y obligar a nuestros gobernantes a hacer todo lo posible por liberar a Irán.

Entre las más emocionantes están las que muestran a mujeres de todas las edades arrancándose el velo que representa su sumisión a los ayatolás para quemarlo en las hogueras que han encendido los manifestantes.

Sin internet

Para evitar el contagio, el régimen ha empezado a cortar el acceso a internet, con la esperanza de que el apagón le permitirá ahogar los focos de una revuelta que se debe también a la explosión de denuncias de malos tratos que cada vez más mujeres iraníes dan a conocer en las redes sociales.

Desgraciadamente para los iraníes, pero también para nosotros, nuestros dirigentes en las democracias occidentales no parecen estar a la altura del momento histórico propiciado por el coraje de los manifestantes iraníes. En España, Sánchez evita condenar las atrocidades de la Revolución Islámica, y su ministra de Igualdad permanece callada.

En la sede de la ONU en Nueva York, Macron se reunió sonriente con el presidente iraní Raisi mientras los esbirros de éste masacraban a iraníes indefensos que no aspiran más que a vivir como en Francia. Es cierto que Estados Unidos ha sancionado a la Policía de la Moral, pero sigue sin renunciar explícitamente a volver a ese acuerdo nuclear nefasto que diseñó Obama. ¡Qué buen momento sería para hacerlo!

Ha escrito recientemente Memarsadeghi, la activista iraní: “Cuando veamos las fotos de la hermosa joven Mahsa Amini torturada hasta la muerte, y cuando veamos los vídeos de los mismos matones que la mataron intentando pegarles a sus jóvenes compatriotas porque protestan contra su asesinato, recordemos que es a esos matones a quienes Estados Unidos quiere dar más poder, más dinero y más prestigio, a costa de la gente que quiere librarse de su tiranía”.

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