Escribidores, y un tapiñado

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Vayan por delante mi inmenso respeto por Mario Vargas Llosa y mi amor a su obra. Vaya por delante mi respeto por los ‘escribidores’ ahí presentes, menos con uno. Vaya por delante que sé lo que significa el esfuerzo para realizar cualquier festival literario y mi aprecio por el equipo que lo logra, pero hay situaciones inaceptables.

He sido invitada al Festival Escribidores y al inicio consentí, pero cuando leí que quien inaugurará el Festival será un autor de éxito (de hecho, es al único escritor cubano supuestamente contestatario autorizado exitoso al que nadie le ha hecho campañitas en contra, como me la hicieron a mí), desistí. No por gusto, por dignidad.

No puedo asistir a un Festival dedicado a Francia, a Iberoamérica, a Europa, donde quien comparte inauguración nada más y nada menos que con Mario Vargas Llosa sea el enviado especial de Raúl Castro a visitar en prisión a Lula da Silva cuando fue condenado por corrupto. El mismo que publicó un artículo infame en contra del gran escritor Guillermo Cabrera Infante, argumentando que no había escrito su obra en Cuba; como si José Martí, el más grande de todos los cubanos, no hubiera escrito la mayor obra que ha dado Cuba y América en el exilio.

No puedo participar en un evento en el que se me ha invitado como coro de alguien que cuando se refiere a España, mi segundo país, escribe lo siguiente: “Este es un país de imbéciles, beatos hipócritas y fascistas de nacimiento (…). Sus amigos en Dax fueron hijos de aldeanos pobres y de inmigrantes españoles, con los que disfrutaba saliendo a los bosques, cercanos a recolectar trufas, guiados por los cerdos…”.

Por cierto, no sé si este invitado de honor del Festival Escribidores es consciente de que entre quienes organizan el evento, la mayoría son liberales de centro derecha y la derecha del PP. No entiendo cómo ha podido entonces aceptar ser figura honrada por el mayor escritor en letras hispanas en la actualidad, Premio Nobel y liberal de centro derecha, además de peruano y español, al que pronto la Académie Française lo recibirá como uno de los autores imprescindibles de la lengua francesa. Oh, sí, lo han autorizado.

Claro, sí, puedo imaginar también. Ha aceptado porque la única capacidad que tiene el “hombre que amaba a los perros” adláteres de Fidel Castro es la del oportunismo politiquero. Dignidad cero.

En cuanto hice pública mi renuncia a participar en ese evento, algunos amigos me aconsejaron que no lo hiciera, que no perdiera la posibilidad de opinar y de expresar cara a cara al tapiñado lo que pienso de él. En ocasiones anteriores se lo he dicho, y no sólo a él, sino con él delante. En el evento literario La plume en ristre en Francia, mediante artículos, conferencias, y conversatorios… La que entonces es tildada de intolerante soy yo.

Si ustedes quieren saber más de lo que este amante de los perros castristas, con perdón de los caninos, ha hecho en contra una escritora cubana, mujer, exiliada, pueden leer mi libro La intensa vida, todavía en librerías, recién editado.

Voy solamente a citarles una de sus perlas: “Zoé Valdés produce una literatura que no es literatura. Ella siempre fue una funcionaria y se exilió en un avión con su marido y su hija. Se ha inventado un personaje de mártir que es falso. Ella miente mucho…”.

Esto fue publicado por la prensa española. Nunca me dieron el derecho a respuesta. La he dado en mi libro. Varios jurados de prestigio han premiado mi obra en distintos lugares del mundo. Soy Caballero de las Artes y las Letras en Francia. Médaille Vermeil de la Ville de París. Hice una Colección literaria en Actes-Sud donde publiqué a autores hispanoamericanos; después publiqué a otros autores como a Raúl Rivero, poeta preso político, en Gallimard. Conozco la literatura francesa como seguramente no la conocerá este machista-leninista ni en tres reencarnaciones. He publicado a Guillermo Cabrera Infante en Arthaud, mi casa editorial francesa, después de que este personaje intentara una guerra sin cuartel en contra del autor que más amado a La Habana y a Cuba. Entre los autores invitados a ese evento está David Foenkinos, a quien admiro y quiero, fui yo la que hice a través de mi agencia literaria que se editara por primera vez en España. Pero, sobre todo: soy un grano en el culete del castrismo.

Nunca fui funcionaria, como en cambio sí lo fue él, y lo sigue siendo (aunque tapiñado). Sólo trabajé 4 años contratada por el ICAIC. Me fui de Cuba con 34 años, jamás he vuelto porque las autoridades castristas me lo impiden. A París, en mi primera etapa, viajé como esposa acompañante de un periodista y escritor que desde hace años vive “exiliado”, aunque ha regresado a Cuba. Me exilié en avión como la mayoría de los cubanos, incluso él, aunque no es exiliado. Nunca he inventado ningún tipo de personaje de mártir, no me interesa para nada el martirio ni el “martirologio” en mi vida personal. No miento, como sí ha mentido él en numerosas ocasiones. La prueba es que el tiempo me ha dado la razón.

Mi capital es mi dignidad, no me la arrebata nadie.

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