Cómo limpiar los oídos sin dañar el canal auditivo

Si tiene un tapón nunca intente extraerlo por su cuenta, podría perforar el tímpano o causar heridas e infecciones. Aquí, unos consejos básicos para mantener sano el canal auditivo

Cuál es la forma adecuada de limpiar nuestros oídos es una pregunta que lleva haciéndose la humanidad desde, al menos, el siglo primero. Y es que por aquel entonces el romano Aulo Cornelio Celso ya plasmó por escrito, en su libro De medicina, una serie de remedios para eliminar el cerumen acumulado. Afortunadamente la ciencia médica ha evolucionado mucho desde entonces, pero la pregunta sigue siendo habitual en las consultas de enfermería. No les hablaré de los remedios de la antigua Roma, pero si me lo permiten hoy les explicaré cómo mantener sus oídos limpios sin poner en riesgo la salud auditiva.

Muchas y todas muy importantes. El cerumen es una sustancia que producen unas glándulas que tenemos en el oído, y sus funciones principales son las de protegerlo de la suciedad del exterior, repeler el agua para evitar que se formen infecciones por humedad, mantener un pH ácido y evitar que las estrías de las paredes del canal auditivo se sequen y agrieten. Tiene así una función lubricante y protectora, además de bactericida frente a patógenos habituales como la E. Coli o la H. Influenzae.

De media, una persona genera 2,8 miligramos de cerumen a la semana. Pero la realidad es que la cantidad que producen nuestras glándulas es algo que depende de cada persona, las hay que fabrican poco y otras que fabrican mucho. Incluso la consistencia de la misma también varía. Puestos a elegir, es mejor tener un oído que produzca de más que de menos aunque eso cause los incómodos tapones.

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